Perdición


Sus perversos sueños…

Cuando Izzy se acostó, nunca esperó despertar en desgracia. Desde luego era maravilloso sentir unas manos cálidas en su carne… la áspera piel sin afeitar contra su mejilla. Todo parecía un sueño maravillosamente perverso. Pero, a la sociedad, aquello no le importaba en absoluto. Para ellos estaba arruinada, pues Lord Eppinghan, Julian Blackworth, había sido descubierto en su cama y ella le había reclamado como suyo.

No había querido atrapar al guapo libertino en matrimonio. Aunque pudiera desear ahogarse por siempre en sus ojos dorados, casarse con cualquier hombre no era algo que buscase.

Fue algo en su contacto, en sus besos. Algo que había incitado a proteger a Julian de su propia ruina interponiéndose en su camino. Si salvar a este hombre significaba caer en desgracia, que así fuera. Y al salvarle a él, podría salvarse ella misma.

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